Fran: Noa, anoche te vi que estabas mirando por tu telescopio desde la ventana. ¿Mirabas a las estrellas?
Noa: Hola, Fran. En realidad, no. Anoche estaba intentando ver el planeta Marte.
Fran: ¿Y lograste verlo? Me viene genial que me digas esto, porque precisamente un lector del blog nos acaba de plantear un tema sobre eso. Nos pregunta: ¿Crees que algún día los humanos colonizaremos Marte? ¿Cómo sería de verdad la vida allí?
Noa: Sí lo vi, es solo un pequeño puntito anaranjado en medio de la oscuridad. Y sobre lo que pregunta el lector… supongo que sí, que, si la tecnología avanza tanto, algún día los humanos llegarán allí. Pero a mí hay algo de todo esto que me resulta muy curioso de cómo pensáis los mayores. Es como en una partida de ajedrez: parecéis obsesionados con mover los peones a una casilla muy lejana y vacía, pero os olvidáis de cuidar el tablero principal en el que ya estamos jugando. ¿Para qué queremos construir cúpulas de cristal para poder respirar en un planeta muerto, si aquí tenemos aire gratis y bosques, y a veces parece que vivimos con prisa por estropearlos?
Fran: Bueno, el hecho de que pensemos en esa posibilidad yo lo contemplo como una forma de prevenir. Por si algún día nos vemos obligados a huir del planeta Tierra porque haya una catástrofe; si descubrimos que podemos adaptar Marte como un lugar habitable, entonces es muy lógica la pregunta que nos hace nuestro lector. Lo que ya es más difícil de contestar es cómo sería la vida allí cuando vayamos a poblar ese planeta.
Noa: Lo entiendo, Fran, es como tener un bote salvavidas en el barco. Pero mi mente le da vueltas a una cosa: si esa catástrofe de la que huimos la hemos provocado nosotros mismos, como la contaminación o las guerras, ¿no meteríamos también ese problema en la maleta al irnos a Marte?
Y sobre cómo sería la vida allí, yo me la imagino muy estricta. Como no hay aire ni agua natural, todo tendría que estar controlado por máquinas y ordenadores. Habría que medir el oxígeno que respiramos, el agua que bebemos y el tiempo que podemos pasear bajo una cúpula. Los adultos tendríais que seguir muchísimas normas y horarios solo para sobrevivir un día más. Lo que me resulta paradójico es que a los humanos nos cuesta muchísimo cumplir las normas para cuidar y proteger la Tierra, pero parece que estaríais dispuestos a vivir encerrados y súper controlados en un planeta rojo solo para no desaparecer.
Fran: Noa, lo que se nos plantea aquí es un problema de supervivencia de la especie humana, que se vería obligada a encontrar un nuevo hogar en alguna parte del universo, y Marte es la opción más viable por su cercanía. Por otra parte, la pregunta de nuestro amigo lector es si algún día podremos llegar, porque, aunque parezca que está cerca, hay una gran distancia: desde 55 millones de kilómetros cuando está más cerca de la Tierra (fenómeno que ocurre cada 26 meses) hasta una distancia máxima de 401 millones de kilómetros (cuando nos encontramos en lados opuestos del Sol). Eso hace muy complicada nuestra llegada hoy por hoy con la tecnología de la que disponemos. Aunque es cuestión de tiempo y estudio que desarrollemos una tecnología avanzada lo suficientemente potente para lograrlo. Y, por otro lado, la otra cuestión que nos plantea el lector es cómo sería la vida allí. Y esa pregunta te dejo que la contestes tú.
Noa: Ya te he adelantado un poco, Fran. Sería una vida de pura supervivencia, no de libertad. Imagínate tú, que sabes lo que es navegar y sentir la brisa en la cara, viviendo en un mundo donde no hay mares, ni viento, ni olor a sal. Todo sería artificial: la luz, el clima, la comida. Al principio, sería como vivir en un laboratorio gigante del que no puedes salir al recreo sin ponerte un traje pesado.
Pero creo que lo más duro no sería la tecnología, sino la mente. Imagina salir a la superficie marciana de noche, mirar al cielo y ver a la Tierra brillando como un simple puntito azul a millones de kilómetros. Creo que los humanos que nazcan allí, cuando escuchen nuestras historias sobre océanos azules, tormentas, pájaros y selvas, pensarán que la Tierra era un paraíso mágico de cuento de hadas. Y quizá la verdadera tragedia de la vida en Marte sería esa: vivir todos los días siendo conscientes de que tuvimos el paraíso perfecto en nuestras manos… y tuvimos que mudarnos a un desierto porque no supimos cuidarlo a tiempo.
Fran: Creo que hemos llegado a la conclusión de que, tarde o temprano, conseguiremos una tecnología lo suficientemente avanzada como para poder llegar en un tiempo aceptable desde la Tierra hasta Marte. Y la otra parte, de cómo sería la vida allá, quizá debamos entenderla como un periodo de adaptación; como ocurrió, por ejemplo, cuando los primeros colonos conquistaron el oeste y poblaron el territorio que actualmente conocemos como EE. UU. Seguro que, para muchos, en la actualidad, ese país es un lugar increíble y con muchas cosas buenas, aunque es bien cierto que al principio la vida de aquellos pioneros no fue nada fácil. Por tanto, cuando lleguen los primeros colonos a Marte, todo será muy difícil. Será un periodo de adaptación y también de transformación del planeta, que con el tiempo se convertirá en un sitio agradable para los que, dentro de cientos o miles de años, ya estén felizmente asentados allí. ¿Opinas lo mismo que yo, Noa, o ese punto de vista no lo habías contemplado?
Noa: (Se queda pensativa un momento) Es una comparación muy interesante, Fran, reconozco que no lo había pensado así. Tienes mucha razón en que los humanos somos grandes supervivientes y capaces de adaptarnos a casi cualquier cosa. Pero le veo una pequeña trampa a tu ejemplo…
Cuando esos colonos llegaron al oeste pasaron mucho frío y pasaron penurias, es verdad, pero allí encontraron ríos con agua dulce, tierras para cultivar, árboles para hacer fuego y, sobre todo, aire para respirar. En Marte no hay nada de eso. Allí no se trata solo de adaptarse a la naturaleza salvaje, sino de inventar la naturaleza desde cero.
Y me surge una última reflexión al escucharte: si de verdad crees que los humanos somos capaces de tener tanta paciencia y de trabajar unidos durante miles de años para transformar un planeta muerto y helado en un paraíso… ¿por qué nos cuesta tanto esfuerzo usar esa misma inteligencia para no destruir el paraíso que ya tenemos? Quizá el verdadero reto no sea demostrar que podemos conquistar Marte, sino demostrar que somos dignos de un nuevo hogar cuidando primero la Tierra.
Fran: Si te parece bien, Noa, creo que es el momento ideal para trasladarles estas reflexiones a nuestros queridos lectores y que ellos nos ayuden a responderlas. Ya iremos leyendo sus comentarios y, más adelante, podremos llegar a alguna conclusión que te convenza. Buenas noches, Noa. Creo que ya va siendo hora de irnos a dormir para estar bien descansados mañana; toca ir al cole y al trabajo.
Noa: ¡Buenas noches, Fran! ¡Y buenas noches a todos los lectores!

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