Fran: Buenos días, Noa. ¿Cómo estás en esta mañana de sábado? Me crucé con tu madre y me ha comentado lo que te ocurrió ayer en el cole con un «monstruo». ¿Qué pasó exactamente?
Noa: ¡Hola, Fran! ¡Buenos días! Ay, mi madre… seguro que te ha dicho que casi nos comen vivos en el colegio. Los mayores a veces sois un poco exagerados. A ver, no era un monstruo gigante, pero casi. ¡Era una araña peluda y grandísima! Estábamos en clase y, de repente, apareció cruzando la pared. Casi todos se pusieron a chillar y a subirse a las sillas, pero a mí me dio mucha pena porque la pobre estaba más asustada que nosotros. Así que cogí un vaso de plástico y un folio, la atrapé con cuidado para no pisarle ninguna de sus ocho patas, y la dejé libre en el jardín del patio.
Pero lo más raro de todo no fue la araña, Fran. Fue lo que me pasó después en la cabeza al pensar en el reloj. Mientras todos gritaban y yo intentaba atraparla, parecía que el tiempo se había congelado. Todo iba muy lento, como a cámara lenta. En cambio, hoy es sábado, me he levantado hace un ratito para jugar y la mañana ya se me ha pasado volando. Es un misterio que no entiendo: el tiempo se frena y no avanza cuando hay un bicho en la pared, pero luego llegan los fines de semana y se escapan corriendo sin que te des cuenta.
Fran: Es cierto, eso que dices a mí también me pasa, y seguro que a todo el mundo. Yo creo que cuando hacemos algo que nos gusta el tiempo pasa rápido porque no nos paramos a pensar en él, y cuando miramos el reloj vemos que han pasado horas enteras. Por el contrario, cuando estamos haciendo algo que no nos agrada tanto, estamos más pendientes de las agujas y eso nos da la sensación de que los minutos avanzan muy despacio.
Noa: ¡Ah! Entonces el truco de todo esto está en no prestarle atención al reloj. Tiene mucho sentido. Cuando el profesor explica algo aburrido en clase, el segundero de la pared parece que hace tic… tac… y tarda un siglo. Pero cuando estoy jugando, ni me acuerdo de que existe la hora. Pero entonces me surge otra duda… si el tiempo va más rápido o más lento según lo que sintamos por dentro, ¿el tiempo es algo real que se puede medir con una máquina, o es algo que nos fabricamos nosotros en nuestra cabeza?
Fran: Pues, Noa, el tema del tiempo es más complicado de lo que parece y en realidad hay muchos estudios científicos al respecto. Sin ir más lejos, el propio Einstein, en su famosa Teoría de la Relatividad, nos hace ver que el tiempo para dos personas puede ser diferente y pasar más rápido para uno que para otro. Te recomiendo que leas sobre la paradoja de los gemelos: uno se queda en la Tierra mientras que el otro viaja al espacio. Al cabo de un tiempo, cuando regresa a la Tierra, el que partió en cohete se encuentra con que su hermano tiene un aspecto físico mucho mayor que él, dándose cuenta de que el tiempo para el viajero ha pasado mucho más despacio. Aunque te resulte raro e incomprensible en un primer momento, la verdad es que sí: si hicieras ese viaje, cuando volvieras a la Tierra tú apenas habrías envejecido un poco y todos tus amigos del cole ya serían unos ancianitos.
Noa: ¡Uf! Pues visto así, casi que prefiero quedarme en la Tierra. Debe ser muy solitario viajar tan rápido por el espacio y volver para darte cuenta de que te has perdido toda la vida de tus amigos y te has quedado sola siendo una niña. Creo que me quedo con mis fines de semana que pasan volando, aunque a veces dé un poco de rabia.
Pero como dices que es un tema tan complicado, me parece una idea estupenda pedir ayuda. Así que… ¡Hola a todos los que nos leéis desde el otro lado de la pantalla! ¿Hay alguien por ahí que nos sepa explicar este misterio de los gemelos espaciales de una forma fácil para que lo entienda una niña como yo? ¡Os esperamos en los comentarios, que Fran y yo nos hemos quedado con muchísima intriga!

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